Presentación

Porque no hay en el mundo ni sabiduría ni ciencia de Dios, y los hombres perecen por falta de conocimiento. Los hombres no saben discernir el bien del mal porque buscan reafirmar su propia verdad huyendo deliberadamente de la verdad de la Palabra de Dios, porque ésta les compromete. Los mensajes contenidos en el Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María están destinados a advertir al hombre de los graves peligros que le acechan, para que se convierta y viva, no para satisfacer su curiosidad, por el contrario, primariamente, buscan el umbral de la reconciliación, mostrando el Amor de Dios, o sea la acogida de la Divina Misericordia. 

Las revelaciones recibidas por Manuel de Jesús están al servicio de la Revelación Pública; por tanto, los mensajes no añaden, quitan o corrigen, sino subrayan, aclaran e iluminan la Divina Revelación ya públicamente proclamada. 
Los llamados de amor y conversión son como un aldabón, que llama a las puertas de las conciencias adormecidas; son como trompetas, que claman en el desierto y recuerdan a los corazones endurecidos que el desprecio de la Sagrada Tradición y el hacer caso omiso a la Sagrada Escritura, provocado por la tibieza, la indiferencia y la oposición a Dios, trae consigo grandes males. Atrofiado está el corazón del hombre, y un abismo le separa de su Creador, y este abismo se agranda cada vez más porque el hombre rechaza a su Dios y no lo ama. De ahí que, la humanidad está viviendo convulsiones inimaginables. 

A todos los que se apoyan en fantasiosos pronósticos humanos y esperan que la presente situación caótica en que nos movemos volverá por sí misma a cauces razonables, o que un Nuevo Orden Mundial encontrará la salida del laberinto apocalíptico en el que ya estamos instalados, tienen ofuscada la razón y están hinchados de orgullo, ya que no aspiran a las cosas del Cielo, y por ende dejan de lado aquello que puede enderezarles la senda tortuosa por donde caminan. El mundo está más allá de toda solución humana, necesita la intervención divina, y los mensajes revelados a este pequeño instrumento, Manuel de Jesús, del que Dios se sirve, llevan esperanza a las personas piadosas y amantes del Señor, perplejas por la agonía de un Cuerpo Místico, la Iglesia, y apuradas por lobos, vestidos de cordero, ya que los llamados de amor y conversión anuncian un Nuevo Pentecostés, que liberará al Resto Fiel de la opresión de la Gran Babilonia y otorgará el don de una Nueva Jerusalén, y como un juglar que canta Maranatha el instrumento suscitado por Dios, prepara los caminos del Señor, o sea el Triunfo del Inmaculado Corazón de María con el Advenimiento del Reinado del Corazón Eucarístico de Jesús. 

Cumpliendo el encargo del Cielo, Manuel de Jesús habla de oración, sacrificio y penitencia; es el pueblo que cumple la Voluntad de Dios, fiel al Papa, adorador del Santísimo Sacramento del Altar, y devoto de la Virgen María, los principales destinatarios de los llamados de amor y conversión, aunque éstos, también, componen un Réquiem para los idólatras y apóstatas, que no se conviertan de su mala conducta y no vuelvan sus ojos impenitentes a Dios, por el anuncio del Dies Irae. Si bien los mensajes contenidos en el Apostolado de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María ofrecen referencias sobre posibles eventos futuros, éstos no se anuncian para despertar la curiosidad, sino para calar la urgencia de colaborar con Dios en su designio salvífico; no es de extrañar que, los llamados de amor y conversión son el repiqueteo postrero de los mensajes dados por el Cielo en La Salette, Fátima, Garabandal, Akita, Cuapa, Civitavecchia, etc., reclutando a los apóstoles de los últimos tiempos para la batalla final de la Mujer vestida del Sol contra el Gran Dragón. Como director espiritual de Manuel de Jesús manifiesto que los llamados de amor y conversión sintonizan con la Doctrina Revelada y concuerdan con la interpretación que el Magisterio vivo de la Iglesia Católica hace de dicha doctrina. El Beato Pablo VI aprobó un decreto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (AAS, 58, nº 16, de 29-12-1966), aprobando la publicación de escritos de esta índole que no contradijeran o pusieran en peligro la Fe y el Dogma de la Santa Madre Iglesia Católica, a la que gustosa y rendidamente nos sometemos. 

P. Pablo García Beck Valencia, 
12 de julio de 2016 Vigesimosegundo Aniversario del Nacimiento de Manuel de Jesús