Llamado de Amor y de Conversión de Dios Padre - 11 Octubre 2017

Dios PadreTe bendigo, hijito mío, Elías del Reino del Inmaculado Corazón, que con tu ministerio transmites el Fuego de la Llama de Amor de su Corazón y el Don del Espíritu Santo. Mi pequeño niño, pastor de pequeñas almas del Resto Fiel, no temas. 

Hijo, tú recibes mis conocimientos y deseos, no solamente las Manifestaciones que por medio tuyo hago al mundo, también tienes mis Gracias infundidas, conocimiento y discernimiento infuso. No temas, confía en tu Padre Celestial. Tus oraciones y pequeños ofrecimientos por el Santo Padre, Vicario de Jesucristo, son recibidos. Sigue cubriendo con tu oración al Santo Padre y te animo a que sigas ofreciéndote por Él, como siempre lo has hecho. 

Deseo revelarte y dar a todo mi Resto Fiel una Coronilla, por medio de la cual clamarán Misericordia. Es la Coronilla de Reparación a la Santísima Trinidad por los pecadores. Es una Coronilla completamente mariana, trinitaria y eucarística. 

Al alma que ore esta Coronilla le prometo: Conversión y deseo profundo de santidad, amor y hambre insaciable por el Pan Eucarístico durante esta vida, haciéndose totalmente un ser eucarístico, prometo la conversión hasta la quinta generación y el alivio o la liberación de sus familiares en el Purgatorio. Con esta Coronilla intercederán para que también los más empecinados pecadores se conviertan y se hagan almas escogidas como Apóstoles de los Sagrados Corazones en este Fin de los Tiempos.

Se comenzará haciendo la Señal de la Cruz, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

La invocación a Dios Espíritu Santo, como te fue revelada. Dirás tres veces: 

Ven mi Dios Espíritu Santo a través de la poderosa intercesión del Corazón Doloroso e Inmaculado de María, tu Amadísima Esposa. 

Luego la oración al Espíritu Santo, que también fue revelada: 

Divino Espíritu Santo, Esposo de María, mi Dios y Señor, enciende en cada alma el fuego de un Nuevo Pentecostés, para que nos consagremos como Apóstoles del Doloroso e Inmaculado Corazón de María y Apóstoles de los Últimos Tiempos. Protege con tu Sombra a la Iglesia. Salva a las almas del mundo. Y realiza el Reino Inflamado de Amor de los Sagrados Corazones Unidos de Jesús y de María. Amén.

Un Padrenuestro. Un Avemaría. Un Gloria. Y un Credo.

En las cuentas grandes del Rosario común decid: 

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Precioso Cuerpo y Sangre, Alma y Divinidad, de tu Amadísimo Hijo realmente presente en los Sagrarios de la tierra, en expiación, desagravio, reparación, adoración y consuelo, por las blasfemias, sacrilegios e indiferencias con las que Jesús es ofendido. Te ofrezco los Infinitos Méritos del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y del Doloroso e Inmaculado Corazón de María, por la conversión de los pobres pecadores y la paz del mundo. 

En las diez cuentas dirás: 

Dios mío, yo creó, adoro, espero y te amo, y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman. 

En la jaculatoria, al final de cada misterio, dirás:

Corazón Doloroso e Inmaculado de María ruega por nosotros que nos refugiamos en ti. Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús venga a nosotros tu Reino Eucarístico, a través del Triunfo del Doloroso e Inmaculado Corazón de María, nuestra Madre en la Divina Voluntad, y el Triunfo de la Cruz en el Espíritu Santo, extendiendo la Llama de Amor Santo y Divino en todos los corazones. Amén. 
Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Misericordia. Amén.

Al terminar el Rosario dirás tres veces: 

Dios Padre mira el Rostro sufriente y el Corazón Traspasado de tu Hijo Jesucristo, y convierte en elegidos a los pobres pecadores.

Al final recitas la Consagración al Corazón Eucarístico de Jesús que la Santísima Virgen dio en Akita:

Sacratísimo Corazón Eucarístico de Jesús, verdaderamente presente en la Santa Eucaristía, te consagro mi cuerpo y mi alma, para ser enteramente uno con tu Corazón, sacrificado cada instante en todos los Altares del mundo, dando alabanza e implorando al Padre por la Venida de su Reino. Ruego que recibas esta humilde ofrenda de mi ser. Utilízame como quieras para la gloria del Padre y salvación de las almas. Santísima Madre de Dios no permitas que jamás me separe de tu Divino Hijo, te ruego me defiendas y protejas como tu hijo especial. Amén. 

Terminas la Coronilla: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Quien así lo haga obtendrá paz en su corazón y paciencia para expiar sus pecados. Tu Padre te ama y te bendice.

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