Llamado de Amor y de Conversión del Sagrado Corazón de Jesús – 20 Julio 2018

Pequeño hijo de Mi Corazón, da a conocer mi Llamado de Amor a la humanidad. Mi Corazón de Buen Pastor inclina mi Amor Misericordioso sobre las almas más pequeñas, las almas que son sencillas, las almas que con facilidad perdonan y con prontitud están dispuestas a servir; estas almas arrebatan mi Corazón.

Hay dos actitudes que enternecen mucho el Amor de Dios: el perdón y el servicio. A quien mucho perdona en la tierra, mucho le será perdonado el Día del Juicio. Al que siempre perdona en la tierra, todo le será perdonado el Día del Juicio. Al que sirva haciéndose el último, sin deseos de ser reconocido o visto, sino más bien con el deseo del ocultamiento y del silencio, en el Cielo será enaltecido. Almas, pero la gran mayoría de los hombres quieren poder en la tierra, quieren grandes cargos, hacen grandes empresas buscando el reconocimiento y la superación, incluso sobre su prójimo aquí en la tierra. Pero aquel que trabaja con pura intención, aquel que ha recibido mucho, pero sigue siendo el mismo sencillo y sigue con su alma simple, y eso mucho que tiene lo pone al servicio, recibirá el ciento por uno.

Hoy, quiero invitarlos a que vivan en la simpleza, porque si son simples podrán perdonar fácilmente, podrán servir, prontamente, sin esperar que se los pidan servirán. Sólo basta apóstoles Míos que vean la necesidad y sin esperar que tu prójimo te pida tu ayuda, bríndasela. El apóstol de mi Corazón está siempre sensible a las necesidades de sus hermanos.

Hijos, quiero que comprendan que mi Corazón ha sido el primero en perdonarte, mi Corazón ha sido el primero en servirte, mi Corazón ha sido el primero en amarte. Apóstoles Míos, escúchenme, regresen a la sencillez del niño, regresen a la pureza y a la santidad que recibieron el día de su Bautismo; ya no destruyan más sus almas, porque ustedes son templos del Espíritu Santo, y cada vez que son infieles, al compromiso y a la consagración del Bautismo, entristecen y arrojan fuera de ustedes al Espíritu de Dios. ¡Ya no lo hagan! ¡Ya no rechacen más mi Espíritu! Oren y reparen, porque nunca como antes en la humanidad se había ofendido y pecado tanto contra el Espíritu Santo, como en el tiempo que viven.

Con mi Apostolado, con mis Llamados de Amor y de Conversión, en este refugio de Nuestros Sagrados Corazones, vengo a recoger a mi fiel rebaño de almas de apóstoles en estos últimos tiempos. ¡Escúchenme con el corazón! Los bendigo con Amor Misericordioso: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


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